La Sala de los Azulejos del Real Alcázar de Sevilla es uno de los espacios más emblemáticos y misteriosos del palacio. Esta sala, conocida por su exquisita decoración de azulejos de estilo mudéjar, ha sido testigo de muchos eventos importantes, pero uno de los más sombríos y fascinantes en la historia del Alcázar involucra a dos figuras fundamentales de la historia de Castilla: Don Fadrique y su hermano, Pedro I, conocido como Pedro el Cruel.
La historia de estos dos hermanos es trágica, y la leyenda que rodea la Sala de los Azulejos se entrelaza con las disputas de poder, la traición y la violencia que marcaron el reinado de Pedro I, un monarca temido por su crueldad y su obsesión con el control absoluto sobre su reino.
Pedro I de Castilla ascendió al trono en 1350, tras la muerte de su padre, Alfonso XI. Desde joven, Pedro mostró un carácter violento y despiadado, dispuesto a hacer lo que fuera necesario para mantener su poder. Fue un monarca que utilizó la violencia para eliminar a aquellos que consideraba amenazas, lo que le valió el apodo de Pedro el Cruel. En su corte, la traición y la venganza eran moneda corriente, y entre los personajes que desempeñaron papeles clave en su vida estuvo su hermano, Don Fadrique.
Don Fadrique era hijo ilegítimo del rey Alfonso X el Sabio y, por tanto, hermano de Pedro, aunque no de sangre directa, ya que era considerado un bastardo. A pesar de su origen, Fadrique fue una figura poderosa en la corte y en la vida política de su hermano. De hecho, fue uno de los más destacados en las luchas internas por el poder en Castilla. A lo largo de su vida, se ganó la confianza de Pedro I, y en un principio, la relación entre ambos parecía ser de lealtad. Sin embargo, con el tiempo, las tensiones entre los dos aumentaron debido a la creciente desconfianza de Pedro hacia su hermano.
En 1358, Pedro I comenzó a sospechar que Don Fadrique estaba conspirando en su contra. La relación entre los hermanos se deterioró, alimentada por la ambición de Fadrique y el creciente miedo de Pedro de ser despojado de su trono. Fadrique había mostrado interés en aumentar su poder, y muchos de los cortesanos del rey empezaron a murmurar sobre sus ambiciones. Las tensiones entre los dos hermanos llegaron a su punto máximo cuando Pedro I acusó a Don Fadrique de traición.
En un giro dramático, Pedro I ordenó arrestar a su hermano y llevarlo al Alcázar de Sevilla, donde fue encarcelado. En ese momento, la Sala de los Azulejos, que se encontraba en el corazón del palacio, se convirtió en el escenario de la tragedia que marcó el final de la vida de Don Fadrique. Se dice que el rey, que confiaba en la lealtad de su hermano en un principio, tomó la decisión de ejecutar a Fadrique sin juicio previo, simplemente basándose en sus sospechas de traición.
La leyenda sostiene que, tras ser encarcelado, Don Fadrique pasó sus últimos días en la celda de la Torre del Homenaje del Alcázar. Sin embargo, la historia da un giro oscuro cuando se afirma que Pedro I, en un acceso de ira y celos, decidió ejecutar a su hermano. Se cree que la muerte de Don Fadrique fue silenciosa, pero brutal. Algunas versiones sostienen que fue asesinado a sangre fría por los guardias del rey, mientras que otras afirman que fue víctima de un veneno administrado por orden de Pedro.
La Sala de los Azulejos, que en esa época ya era uno de los lugares más solemnes del Alcázar, se convirtió en el escenario de la ejecución. A pesar de que la historia no es completamente clara sobre cómo ocurrió la muerte de Don Fadrique, la leyenda indica que el noble bastardo fue arrojado a su destino por el propio hermano, y que la brutalidad del acto dejó una marca imborrable en el Alcázar.
Después de la muerte de Don Fadrique, la leyenda afirma que su espíritu no encontró descanso. Se dice que, debido a la injusticia de su muerte, el alma de Fadrique quedó atrapada en el Alcázar. La Sala de los Azulejos pasó a ser un lugar marcado por la tragedia. Los sirvientes y cortesanos que vivían en el palacio comenzaron a contar historias de extrañas apariciones y fenómenos paranormales que ocurrían en esa sala, como ruidos inexplicables y presencias invisibles que se sentían en el aire. Algunos hablaban de la figura fantasmal de Don Fadrique, que deambulaba por la sala, buscando venganza por la traición de su hermano.
Las leyendas sostenían que aquellos que se atrevían a permanecer en la Sala de los Azulejos durante la noche sentían una atmósfera extraña y pesada. A veces, incluso se aseguraba que se podía escuchar la voz de Don Fadrique, pidiendo justicia o pronunciando maldiciones hacia su hermano Pedro. Con el tiempo, se convirtió en una de las historias más conocidas de la corte sevillana, la cual hablaba de un espíritu atrapado por la crueldad de un rey que no dudó en traicionar a su propia sangre.
La historia de Don Fadrique y Pedro I no terminó con la ejecución de Fadrique. Pedro el Cruel, conocido por su despiadada conducta, acabó siendo asesinado en 1369 por su hermano bastardo, Enrique de Trastámara, quien derrocó a Pedro en una guerra civil. Muchos consideraron que la muerte de Pedro fue una especie de venganza por los innumerables actos de traición y violencia que él mismo había causado durante su reinado. La leyenda de la Sala de los Azulejos, sin embargo, persistió, ya que muchos creían que el espíritu de Don Fadrique había jugado un papel en la caída de Pedro.
Hoy en día, la Sala de los Azulejos sigue siendo una de las estancias más visitadas del Alcázar de Sevilla. El esplendor de sus azulejos, con sus delicados detalles y sus formas geométricas, oculta una historia de muerte y traición que sigue viva en la tradición oral de la ciudad. La leyenda de Don Fadrique y Pedro I sigue siendo un recordatorio de la brutalidad del poder, de las tensiones familiares y de las consecuencias de las decisiones crueles.
Así, la Sala de los Azulejos permanece como un testigo mudo de la tragedia que una vez ocurrió en su interior, una historia que sigue fascinando a todos aquellos que se atreven a escucharla.
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